sábado, 14 de agosto de 2021

El Arte detenido. Por Laura Martina Bragagnini

 

 

El Arte detenido

Laura Martina Bragagnini

 

Ya había dado por finalizada la jornada cuando mi amiga Lucia me escribió aquel jueves de febrero por la noche. El estado de alerta se había convertido en una constante; cualquier mensaje o noticia que recibiese podía tener dos connotaciones: mala o peor. Yo estaba en mi casa y, por decisión propia, había decidido aislarme, en parte debido a un virus que azotaba al mundo, en parte porque no existía la posibilidad de vacacionar, en parte porque ese verano estaba preparando dos finales de la facultad.

– Laura, ¿estás? Menos mal que no viniste. Acá pasó algo terrible.

–Lucía ¡¿Qué pasó?! ¡¿Estás bien?! 

–Sí, de casualidad. Cayó la policía, cerró el lugar y se llevaron detenidas a varias personas. Vinieron con la peor predisposición.

 El 2020 fue el año en el que el mundo cayó –nuevamente– en desgracia. Esta vez, fue escenario de una catástrofe sanitaria causada por la propagación del virus SARS-CoV2, también llamado COVID-19 o Coronavirus. Se originó en el centro de Wuhan, capital de la provincia de Hubei en China y se expandió de forma exponencial por todo el mundo, conforme pasaban las semanas. Los sistemas sanitarios de todos los países no daban abasto, no sólo por lo altamente contagioso del virus, sino también por las complicaciones en el sistema respiratorio producidas en los infectados. La población del mundo sufría por igual la llegada de una enfermedad que se llevó consigo cientos de miles de vidas, afectó el bienestar de los que aún seguían vivos, produjo el cierre de las fronteras, obligó a las personas a confinarse en sus casas durante un periodo de tiempo y paralizó el mercado global, cuyo cimbronazo desestabilizó la economía de todos los países y dejó desangrando a aquellos en vías de desarrollo. La cercanía con la muerte, el temor al contagio, la preocupación ante un nuevo peligro, la incertidumbre, el desconocimiento de la genérica del virus, las ideas conspirativas y la carrera a contratiempo en busca de una cura dieron la bienvenida al comienzo de la segunda década del siglo XXI. Una nueva construcción de sentido se producía sobre la marcha, con sus avances, estancamientos y retrocesos. La normalidad como se conocía había cambiado radicalmente, a tal punto de que muchos dejaron de esperar su pronto regreso.

El estado de alerta llegó al país los primeros días del mes de marzo de 2020, cuando se registraron los primeros casos de COVID-19 en territorio nacional. El presidente de la Nación Alberto Fernández decretó una cuarentena estricta conocida oficialmente como Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio que comenzó a regir desde el viernes 20 de marzo a las 00:00, hasta el 31 de marzo, con el cierre total de todo tipo de actividades, salvo aquellas esenciales, como las relacionadas al sistema de salud y al abastecimiento y producción de alimentos. La Argentina atravesó diferentes fases de restricciones y libertades que fueron variando según los números de contagios en cada provincia. Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires eran los sectores con mayor infectados desde el día uno, una tendencia que no cambió hasta principios de octubre. Las restricciones se extendieron hasta el 8 de noviembre, con foco en las provincias que atravesaban una situación sanitaria compleja, como Río Negro, Mendoza, Tucumán, Santa Fe, Salta, Santiago del Estero, Neuquén, Córdoba y las ya mencionadas. En otras partes del resto del país, las medidas las medidas fueron más flexibles. Los primeros tres meses de ese año la ciudad de Buenos Aires estaba desolada. La gente sólo salía a la calle en busca de alimentos o a trabajar, pese al riesgo que implicaba, ya que muchos de ellos no poseen un trabajo formal. Fue un periodo de meses de espera y paulatinas aperturas, sujetas a la evolución de los casos y el grado de rapidez de los contagios.

Todo rubro que estuviera por fuera de las áreas de primera necesidad había cerrado por tiempo indefinido. El sector cultural fue el más afectado. Los teatros, los eventos culturales, los museos, las galerías de arte, los centros culturales y todo establecimiento acorde al ámbito artístico cerraron sus puertas. La pandemia impuso un desafío y la necesidad de crear alternativas y nuevas propuestas: ciclos de conversaciones entre artistas a través de las plataformas digitales, obras teatrales vía streaming para ver desde la casa, recorridos virtuales de salas, dictado de talleres o cursos online de enseñanza artística, acceso gratuito a los catálogos de arte de muestras pasada y presentes de los muesos.  A finales del mes de octubre, los museos y las galerías de arte pudieron reabrir sus puertas. La Red Argentina de Museos de Arte, organización nacida durante la pandemia, presentó los protocolos de asistencia. Las normas consistían en reservar las entradas de forma online, con un aforo máximo del 30%, es decir, aproximadamente de 10 a 20 personas por turno. Se establecía, además, el uso obligatorio del tapabocas dentro del establecimiento, un recorrido pautado por el museo y una distancia de al menos dos metros por persona. En todas las sala se contaba con dispensers de alcohol en gel o en aerosol. Los servicios de lockers y guardarropas no estaban disponibles. Tampoco se permitían reuniones sociales en la inauguración de alguna muestra, ni ninguna exhibición de arte perfomativo. A pesar de las medidas implementadas, las visitas decrecieron de forma notable, produciendo que algunos establecimientos artísticos y culturales nunca más abrieran sus puertas.

No todas las galerías de arte y centros culturales sufrieron tal suerte, sino que gracias a las medidas implementadas pudieron abrir al público. Sin embargo, la noche del jueves 4 de febrero de 2021 sucedió un hecho que  puso en evidencia el manejo y el control de la pandemia por parte de las autoridades gubernamentales y las autoridades de seguridad bonaerense. Alrededor de las 21 hs de la noche, 6 patrulleros, 3 traffics y 2 cuatriciclos y más de 30 agentes de la Policía de la Ciudad se apersonaron en la galería de arte de la Fundación El Mirador, ubicada en  Brasil 301, barrio de San Telmo, al recibir una denuncia anónima por ruidos molestos y concentración de personas. El personal de seguridad obligó a suspender la reapertura de la galería y a levantar la exposición colectiva de artes visuales, “TEGUMENTO”, curada por Macarena Zimmermann. La Policía bonaerense comenzó a agredir verbal y físicamente a la curadora de la muestra y a Renata Anelli, también miembro de la galería. Impidieron el cierre final del local por parte de uno de los colaboradores de la galería y de su director artístico, Joaquín Barrera, forzándolo a firmar una supuesta contravención que unilateralmente ellos invocaban. La mayoría de los asistentes "se dispersó", pero al  intentar secuestrar los equipos de música de la galería, los policías forcejearon con Macarena y Renata, quienes fueron detenidas por atentado y resistencia a la autoridad. Fuentes policiales precisaron  que la detención ocurrió en virtud del artículo 205 del Código Penal de la Nación Argentina.

La detención de las mujeres duró toda la noche del jueves y fueron liberadas al día siguiente, alrededor de las 13 hs del mediodía.  Tras la liberación, Macarena Zimermann dio su testimonio sobre lo sucedido donde relató en primera persona el maltrato y el abuso de poder por parte de  las autoridades policiales, quienes la detuvieron durante 15 horas, la separaron de su compañera, la trasladaron a varias comisarías de la capital, sin contacto con el exterior ni con la posibilidad de comunicarse con sus familiares y amigos.

Lucía había presenciado casi todo. Los visitantes de la muestra se encontraban en su mayoría fuera del establecimiento y al aire libre. Si alguien quería ingresar debía hacerlo respetando todos los protocolos establecidos. Ante la llegada de la Policía, los presentes estaban dispuestos a levantar la muestra. Se sentía apenada por semejante situación en el marco de apertura de una muestra artística, dentro de un espacio de celebración y  re-encuentro, luego de casi un año de cese de toda actividad cultural. Ambas partes tuvieron un accionar errático, pero sobre todo las autoridades policiales cuyo destrato y comportamiento abusivo empeoraron el panorama. 

Al día siguiente del hecho, la Fundación El Mirador publicó en su cuenta de Instagram imágenes del incidente junto con un comunicado de prensa:

“Desde la Fundación El Mirador queremos expresar nuestro más enérgico repudio al accionar de VIOLENCIA INSTITUCIONAL perpetrado ayer por la Policía de la Ciudad contra nuestra Galería y todes les asistentes en general y especialmente contra le curadore de la exhibición que inauguramos ayer y su compañera quienes fueron salvajemente reprimides, golpeades y torturades.”

Finalmente, el comunicado agregó:

“Queremos destacar que el área de Cultura ha sido durante el último tiempo uno de los más castigados. Es más, Fundación El Mirador estuvo un año sin abrir acompañando uno de los procesos más difíciles de la historia mundial pero comprendiendo la necesidad que tenía el Estado de reforzar el sistema de salud. Sin embargo, una vez que se permitió la realización de exhibiciones decidimos reabrir adecuándonos a los protocolos de apertura exigidos por los gobiernos.”

Joaquín Barrera con un tono menos formal publicó su testimonio en la Revista de Arte digital Jennifer:

“Tengo que confesar que anoche tuvimos miedo. Creo que no soy valiente. No me gusta la policía y nunca me gustó porque pueden abusar, porque son la autoridad pública y saben ejercer la coerción. Teníamos miedo. Es más, tengo miedo. Tienen mi DNI, mi domicilio y mi teléfono. Me amenazaron con “chuparme”. Obvio, tienen armas y el poder de desaparecerte. Eso da miedo (…) Anoche, después de que se llevaron ilegalmente a Maca y a Rena, quisieron amedrentarme y me retuvieron adentro de la galería sin dejarme salir. Tenía terror de que afuera ya no hubiese nadie, de estar solo con esos monstruos. No pude dormir en toda la noche. Tenía miedo por Macarena y Renata. Tenía miedo que las “chuparan”. Las “chuparon” efectivamente.”

El apoyo de una gran cantidad de artistas, una red de organizaciones culturales, “Nosotras proponemos” –Asamblea Permanente de trabajadoras del arte–, red de galerías de arte,  amigos, conocidos y simpatizantes ante lo sucedido se hizo notar en los comentarios de la publicación y gracias a la difusión de la misma para denunciar lo sucedido.

Después de haber hablado con Lucía, fui a prepararme la cena. Encendí la televisión, sintonicé el canal de las noticias y, entonces, recibí otro disgusto. El noticiero daba a conocer las nuevas cifras de contagios, testeos y muertes en la provincia de Buenos Aires. Fue una noche desalentadora.

 

Seminario Escribir sobre temas de Arte – FFyL UBA – Artes – Primer cuatrimestre 2021

 

  Link material audiovisual del incidente en la Fundación El Mirador: https://www.instagram.com/p/CK7SDKLAZ0P/

 


 

 


Efectivos policiales frente a la galería


Detención de una de los miembros de la Fundación El Mirador

 



 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

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