El Arte detenido
Laura
Martina Bragagnini
Ya
había dado por finalizada la jornada cuando mi amiga Lucia me escribió aquel
jueves de febrero por la noche. El estado de alerta se había convertido en una constante;
cualquier mensaje o noticia que recibiese podía tener dos connotaciones: mala o
peor. Yo estaba en mi casa y, por decisión propia, había decidido aislarme, en
parte debido a un virus que azotaba al mundo, en parte porque no existía la
posibilidad de vacacionar, en parte porque ese verano estaba preparando dos
finales de la facultad.
–
Laura, ¿estás? Menos mal que no viniste. Acá pasó algo terrible.
–Lucía
¡¿Qué pasó?! ¡¿Estás bien?!
–Sí,
de casualidad. Cayó la policía, cerró el lugar y se llevaron detenidas a varias
personas. Vinieron con la peor predisposición.
El 2020 fue el año en el que el mundo cayó
–nuevamente– en desgracia. Esta vez, fue escenario de una catástrofe sanitaria causada
por la propagación del virus SARS-CoV2, también llamado COVID-19 o Coronavirus.
Se originó en el centro de Wuhan, capital de la provincia de Hubei en China y
se expandió de forma exponencial por todo el mundo, conforme pasaban las
semanas. Los sistemas sanitarios de todos los países no daban abasto, no sólo
por lo altamente contagioso del virus, sino también por las complicaciones en el
sistema respiratorio producidas en los infectados. La población del mundo sufría
por igual la llegada de una enfermedad que se llevó consigo cientos de miles de
vidas, afectó el bienestar de los que aún seguían vivos, produjo el cierre de
las fronteras, obligó a las personas a confinarse en sus casas durante un
periodo de tiempo y paralizó el mercado global, cuyo cimbronazo desestabilizó
la economía de todos los países y dejó desangrando a aquellos en vías de
desarrollo. La cercanía con la muerte, el temor al contagio, la preocupación
ante un nuevo peligro, la incertidumbre, el desconocimiento de la genérica del
virus, las ideas conspirativas y la carrera a contratiempo en busca de una cura
dieron la bienvenida al comienzo de la segunda década del siglo XXI. Una nueva
construcción de sentido se producía sobre la marcha, con sus avances,
estancamientos y retrocesos. La normalidad como se conocía había cambiado
radicalmente, a tal punto de que muchos dejaron de esperar su pronto regreso.
El
estado de alerta llegó al país los primeros días del mes de marzo de 2020,
cuando se registraron los primeros casos de COVID-19 en territorio nacional. El
presidente de la Nación Alberto Fernández decretó una cuarentena estricta conocida
oficialmente como Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio que comenzó a
regir desde el viernes 20 de marzo a las 00:00, hasta el 31 de marzo, con el
cierre total de todo tipo de actividades, salvo aquellas esenciales, como las
relacionadas al sistema de salud y al abastecimiento y producción de alimentos.
La Argentina atravesó diferentes fases de restricciones y libertades que fueron
variando según los números de contagios en cada provincia. Ciudad Autónoma de
Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires eran los sectores con mayor infectados
desde el día uno, una tendencia que no cambió hasta principios de octubre. Las
restricciones se extendieron hasta el 8 de noviembre, con foco en las
provincias que atravesaban una situación sanitaria compleja, como Río Negro,
Mendoza, Tucumán, Santa Fe, Salta, Santiago del Estero, Neuquén, Córdoba y las
ya mencionadas. En otras partes del resto del país, las medidas las medidas
fueron más flexibles. Los primeros tres meses de ese año la ciudad de Buenos
Aires estaba desolada. La gente sólo salía a la calle en busca de alimentos o a
trabajar, pese al riesgo que implicaba, ya que muchos de ellos no poseen un
trabajo formal. Fue un periodo de meses de espera y paulatinas aperturas, sujetas
a la evolución de los casos y el grado de rapidez de los contagios.
Todo
rubro que estuviera por fuera de las áreas de primera necesidad había cerrado
por tiempo indefinido. El sector cultural fue el más afectado. Los teatros, los
eventos culturales, los museos, las galerías de arte, los centros culturales y
todo establecimiento acorde al ámbito artístico cerraron sus puertas. La
pandemia impuso un desafío y la necesidad de crear alternativas y nuevas propuestas:
ciclos de conversaciones entre artistas a través de las plataformas digitales,
obras teatrales vía streaming para
ver desde la casa, recorridos virtuales de salas, dictado de talleres o cursos
online de enseñanza artística, acceso gratuito a los catálogos de arte de
muestras pasada y presentes de los muesos. A finales del mes de octubre, los museos y las
galerías de arte pudieron reabrir sus puertas. La Red Argentina de Museos de
Arte, organización nacida durante la pandemia, presentó los protocolos de
asistencia. Las normas consistían en reservar las entradas de forma online, con
un aforo máximo del 30%, es decir, aproximadamente de 10 a 20 personas por
turno. Se establecía, además, el uso obligatorio del tapabocas dentro del
establecimiento, un recorrido pautado por el museo y una distancia de al menos
dos metros por persona. En todas las sala se contaba con dispensers de alcohol en gel o en aerosol. Los servicios de lockers y guardarropas no estaban
disponibles. Tampoco se permitían reuniones sociales en la inauguración de
alguna muestra, ni ninguna exhibición de arte perfomativo. A pesar de las
medidas implementadas, las visitas decrecieron de forma notable, produciendo
que algunos establecimientos artísticos y culturales nunca más abrieran sus
puertas.
No
todas las galerías de arte y centros culturales sufrieron tal suerte, sino que
gracias a las medidas implementadas pudieron abrir al público. Sin embargo, la
noche del jueves 4 de febrero de 2021 sucedió un hecho que puso en evidencia el manejo y el control de la
pandemia por parte de las autoridades gubernamentales y las autoridades de
seguridad bonaerense. Alrededor de las 21 hs de la
noche, 6 patrulleros, 3 traffics y 2 cuatriciclos y más de 30 agentes de la
Policía de la Ciudad se apersonaron en la galería de arte de la Fundación El
Mirador, ubicada en Brasil 301, barrio de San Telmo, al
recibir una denuncia anónima por ruidos molestos y concentración de personas. El
personal de seguridad obligó a suspender la reapertura de la galería y a
levantar la exposición colectiva de artes visuales, “TEGUMENTO”, curada por Macarena
Zimmermann. La Policía bonaerense comenzó a agredir verbal y físicamente a la
curadora de la muestra y a Renata Anelli, también miembro de la galería. Impidieron
el cierre final del local por parte de uno de los colaboradores de la galería y
de su director artístico, Joaquín Barrera, forzándolo a firmar una supuesta
contravención que unilateralmente ellos invocaban. La mayoría de los asistentes
"se dispersó", pero al intentar secuestrar los equipos de música de
la galería, los policías forcejearon con Macarena y Renata, quienes fueron
detenidas por atentado y resistencia a la autoridad. Fuentes policiales precisaron
que la detención ocurrió en virtud del artículo
205 del Código Penal de la Nación Argentina.
La detención de las mujeres duró toda la noche del jueves y fueron
liberadas al día siguiente, alrededor de las 13 hs del mediodía. Tras la liberación, Macarena Zimermann dio su testimonio sobre lo sucedido donde relató en
primera persona el maltrato y el abuso de poder por parte de las autoridades policiales, quienes la
detuvieron durante 15 horas, la separaron de su compañera, la trasladaron a
varias comisarías de la capital, sin contacto con el exterior ni con la
posibilidad de comunicarse con sus familiares y amigos.
Lucía había presenciado casi todo. Los visitantes de la muestra se
encontraban en su mayoría fuera del establecimiento y al aire libre. Si alguien
quería ingresar debía hacerlo respetando todos los protocolos establecidos.
Ante la llegada de la Policía, los presentes estaban dispuestos a levantar la
muestra. Se sentía apenada por semejante situación en el marco de apertura de
una muestra artística, dentro de un espacio de celebración y re-encuentro, luego de casi un año de cese de
toda actividad cultural. Ambas partes tuvieron un accionar errático, pero sobre
todo las autoridades policiales cuyo destrato y comportamiento abusivo
empeoraron el panorama.
Al día siguiente del hecho, la Fundación El Mirador publicó en su
cuenta de Instagram imágenes del
incidente junto con un comunicado de prensa:
“Desde la Fundación El Mirador queremos expresar nuestro más
enérgico repudio al accionar de VIOLENCIA INSTITUCIONAL perpetrado ayer por la
Policía de la Ciudad contra nuestra Galería y todes les asistentes en general y
especialmente contra le curadore de la exhibición que inauguramos ayer y su
compañera quienes fueron salvajemente reprimides, golpeades y torturades.”
Finalmente, el comunicado agregó:
“Queremos destacar que el área de Cultura ha sido durante el
último tiempo uno de los más castigados. Es más, Fundación El Mirador estuvo un
año sin abrir acompañando uno de los procesos más difíciles de la historia
mundial pero comprendiendo la necesidad que tenía el Estado de reforzar el
sistema de salud. Sin embargo, una vez que se permitió la realización de exhibiciones
decidimos reabrir adecuándonos a los protocolos de apertura exigidos por los
gobiernos.”
Joaquín Barrera con un tono menos formal publicó su testimonio en
la Revista de Arte digital Jennifer:
“Tengo
que confesar que anoche tuvimos miedo. Creo que no soy valiente. No me gusta la
policía y nunca me gustó porque pueden abusar, porque son la autoridad pública
y saben ejercer la coerción. Teníamos miedo. Es más, tengo miedo. Tienen mi DNI,
mi domicilio y mi teléfono. Me amenazaron con “chuparme”. Obvio, tienen armas y
el poder de desaparecerte. Eso da miedo (…) Anoche, después de que se llevaron
ilegalmente a Maca y a Rena, quisieron amedrentarme y me retuvieron adentro de
la galería sin dejarme salir. Tenía terror de que afuera ya no hubiese nadie, de
estar solo con esos monstruos. No pude dormir en toda la noche. Tenía miedo por
Macarena y Renata. Tenía miedo que las “chuparan”. Las “chuparon” efectivamente.”
El apoyo de una gran cantidad de artistas, una red de
organizaciones culturales, “Nosotras proponemos” –Asamblea Permanente de
trabajadoras del arte–, red de galerías de arte, amigos, conocidos y simpatizantes ante lo
sucedido se hizo notar en los comentarios de la publicación y gracias a la
difusión de la misma para denunciar lo sucedido.
Después
de haber hablado con Lucía, fui a prepararme la cena. Encendí la televisión,
sintonicé el canal de las noticias y, entonces, recibí otro disgusto. El
noticiero daba a conocer las nuevas cifras de contagios, testeos y muertes en
la provincia de Buenos Aires. Fue una noche desalentadora.
Seminario
Escribir sobre temas de Arte – FFyL UBA – Artes – Primer cuatrimestre 2021
Detención de una de los miembros de
la Fundación El Mirador



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