sábado, 14 de agosto de 2021

Entre la incertidumbre y la magia colectiva. Por Jimena Medina Aguilar

 

 Entre la incertidumbre y la magia colectiva

Breve crónica de la génesis de un colectivo artístico de mujeres

Jimena Medina Aguilar

 

“Ahora doy clases virtuales desde mi taller. Tengo mi casa, y mediando un patio, hay un pequeño galpón donde funciona mi espacio de trabajo. Siempre tuve taller en mi casa; al principio era un taller con un poco de casa y ahora es una casa con un taller”.

 

Viernes 10 de julio de 2020. Cinco de la tarde, cuarentena en Buenos Aires, y Zoom mediante, me encontré con Andrea Moccio. Ella, artista gráfica y docente, perfeccionada en París y dedicada a la serigrafía artesanal -como a la edición de libros de artistas-, tuvo que suspender la muestra de su última obra, Exuvia, montada en la Usina del Arte ubicada en el barrio de La Boca, por las medidas comunicadas por el gobierno. El motivo de nuestra charla fue un trabajo para una materia de la facultad y la entrevista tenía por objetivo mostrar el panorama de los artistas en esa situación inédita. Con todas las galerías y museos cerrados, además de las propuestas culturales suspendidas, el campo artístico cultural argentino y, específicamente el porteño, entraba en un momento crítico.

 

Cuando me designaron a la artista y leí su nombre, inmediatamente recordé que, en el año 2008, en Ciudad Universitaria, y en calidad de recién recibida de diseñadora gráfica, asistí a su taller de serigrafía artesanal sobre tela. Y una particularidad que me impactó fue su generosidad para compartir sus conocimientos y la buena predisposición para con todos los alumnos. Pensé, quizás, que en esos tempranos años de mi primera profesión, Andrea fue mi referente sin saberlo, ni ella, ni yo.  Fue en ese instante, frente a la pantalla, que até cabos en mi mente y recordé cuando decidí montar mi propio taller de encuadernación en mi casa. Sin embargo, de eso no le comenté nada.

 

Cuando mi ansiedad y mis nervios iniciales se disiparon, le mencioné el antiguo encuentro en FADU y su cara se iluminó al recordar esos talleres dictados en las aulas del subsuelo. Fue en ese momento que caímos en la cuenta de cómo eso formaba parte de un pasado que ahora se veía muy lejano, ajeno y extraño. El sólo hecho de pensar en varias personas reunidas en un lugar cerrado compartiendo una mesa comunitaria, herramientas y pasándose un mate, parecía de ciencia ficción.

 

Según sus propias palabras, tuvo que reinventar su manera de dar clases como también la producción de su trabajo artístico. Respecto a lo primero, migró su contenido de taller presencial a una modalidad virtual ajustando algunos modos y cambiando su punto de vista en relación a la didáctica: “A partir de esta situación, me propuse a enseñar la serigrafía del modo opuesto al que la venía enseñando. Desde la experimentación y desde el error, donde ‘el más o menos es más’ esa es la frase. Son cursos experimentales donde se indaga sobre la imagen. La serigrafía tradicional, como la venía enseñando, hoy en este contexto no tiene sentido”.

 

En cambio, en relación a su quehacer artístico, la situación fue otra.

 

La Paternal, barrio porteño ubicado entre lo que era la zona de monoblocks de Warnes y el cementerio de la Chacarita, fue el territorio ideal para la génesis de un trabajo artístico colectivo llevado a cabo por quince mujeres que obedeció al nombre de Proyecto Trasborde. Pero en el momento de la entrevista aún estaban en plena producción y Andrea no pudo contarme más, excepto el nombre y cómo eran las reuniones virtuales con sus compañeras.

 

“Magia” es uno de los temas del último disco de Gustavo Cerati que, finalizando la canción, dice: “Todo me sirve, nada se pierde, yo lo transformo”. Unos meses después de la entrevista vi una publicación en redes sociales sobre el Proyecto Trasborde. Y lo habían logrado. Quince artistas de La Paternal transformaron ese aislamiento social e incertidumbre artística en un conjunto de pequeñas obras contenidas en una caja de cartón (aquellas que se utilizan para empanadas) serigrafiada por la misma Andrea. Una idea que buscó trasladar la incertidumbre de la soledad hacia un proyecto colectivo. La premisa fue trabajar con materiales simples, a escala reducida, desde el espacio de cada artista, sin presiones, con la idea de compartir y atravesar, de la manera más amable, el confinamiento. Proyecto Trasborde fue eso y mucho más. La propuesta despegó de La Paternal y llegó a su primera muestra virtual en el Museo de las Mujeres de Costa Rica, donde tuvo una excelente y cálida recepción por parte de los virtuales visitantes.

 



Luego llegaron algunas entrevistas y, en noviembre de 2020, pudieron concretar la realización de “El mural de las mujeres”, ahora sí, en las calles de su amado barrio porteño, en el marco de La Gran Paternal. Mujeres representadas por mujeres. Construcción de discursos, historias e imágenes que dejaron en evidencia cómo los vínculos afectivos, empáticos y productivos de esas quince mujeres sortearon la soledad de la pandemia consolidando un colectivo artístico.

 


 

No volví a tener contacto directo con Andrea luego de la entrevista, aunque seguí de cerca su trabajo personal y, sobre todo, colectivo. Proyecto Trasborde superó con creces la instancia de respuesta activa contra la coyuntura inédita de la pandemia, para instalarse en los límites de un campo artístico que, muchas veces, se encuentra en fricción entre lo canónico y lo doméstico. Aunque quizás aquí sea más adecuado sumar la instancia de “lo barrial”.

 

Desde La Paternal hacia el mundo, casi sin salir de casa.

Desde La Paternal todo sirvió, nada se perdió y esa incertidumbre se transformó.

 

Crónica producida en el seminario: Escribir sobre temas de Arte: Instrumentos teóricos y procedimentales. Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras.  Artes

 

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